La Virgen del Valle de Catamarca

Desde tiempos inmemorables, el pueblo Catamarqueño dedica los meses de Abril y Diciembre a venerar a su 'morenita', la Virgen del Valle. Durante una semana, la Provincia se convierte en un centro de peregrinación.
El ritual de la unión y la convivencia se ve reflejado en las múltiples familias que colman las plazas o los peregrinos que habitan las escuelas, convertidas en albergues.
El Primer sábados después de la Pascua y el 29 de Noviembre, de cada año, la Sagrada Imagen es bajada desde su Camarín y colocada en un trono en el Presbiterio de la Catedral más cerca de la gente.
El domingo culmina el festejo con una procesión de turistas y peregrinos que llegan desde Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Córdoba, La Rioja, San Juan y desde los departamentos de la Provincia. Muchos de ellos lo hacen a pie, bajan por la Cuesta del Portezuelo o el Totoral, después de haber caminado desde sus lugares de origen por varios días. Para ellos el esfuerzo vale la pena y sólo quieren encontrarse con su 'Mama Achachita' (madre hermosísima en lengua quechua).
El punto de encuentro es La Catedral. En las fiestas de abril allí se realizan celebraciones de misas, confesiones, pláticas, rosarios y el rezo de Las Maravillas u Octavario, donde cada día se destina a un ámbito de acción de la vida pública: el Mundo de la Política, el mundo de la Educación, la Justicia, etc.
Según las creencias de los fieles católicos, la aparición de la venerada imagen de la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora del Valle, tuvo lugar entre 1618 y 1620 en una gruta de Choya, Departamento Capital de la provincia de Catamarca, en el noroeste argentino.
El pueblo de Choya al que se hace mención en los antiguos documentos estaba situado a 1 km del actual homónimo. Formaban la población de Choya españoles encomenderos y pueblos originarios en su gran mayoría cristianos. Vivían de la labranza y del pastoreo. Un originario de los encomendados al servicio de Don Manuel de Salazar, un día percibió voces.
Eran indiecitas que caminaban recelosas, temiendo que alguien las sorprendiera. Llevaban lámparas y flores de la montaña. Como era de noche regresó a los ranchos de Choya. A la mañana siguiente regresó al paraje. Y dio con las huellas y encontró un sendero que, se veía, era muy transitado.
Caminó 5 km, remontando la quebrada cuando a unos 7 m de altura apareció un nicho de piedra bien disimulado. Al fin del nicho había rústicos asientos y restos de fogones, e incluso huellas de danzas.Trepó al nicho y al fondo encontró una Imagen de la Santísima Virgen María.
Era pequeñita, muy limpia, de rostro moreno y manos juntas. Después de varios meses y de estar seguro de su descubrimiento, le cuenta todo a su amo. Le dice que la veneraban, que estaba allí entre las piedras, que era morenita como los indios y que por eso la querían y que él también había aprendido a quererla.







